lunes, 16 de noviembre de 2009

Suerte, Aminetu.

La defensora saharaui de los Derechos Humanos, Aminetu Haidar, ha vuelto a poner en evidencia las contradicciones burocráticas y administrativas chapuceras y demenciales que se traen entre manos Marruecos y España.
Esto, como seres humanos, europeos y españoles, nos debería preocupar a todos, a pesar de que la única que lo está sufriendo ahora en su cuerpo (de salud delicada, por cierto) es Aminetu y los saharauis y españoles que la acompañan en el aeropuerto de Lanzarote y aledaños a los que son sacados por las noches.
A cualquier administrativo, operario de fábrica, empleado, funcionario, trabajador o ejecutivo españoles, en principio, no parece afectarles lo más mínimo. Pero las crisis están demostrando que, lo queramos o no, todo lo que sucede en este mundo nos afecta a todos y a veces de forma cada vez más dolorosamente directa y no sólo metafórica o solidaria, porque estoy segura de que a cualquier ciudadano español le ha pasado y le puede pasar cualquier día semejante o parecida, humillante y canalla circunstancia. Y entonces, igual, ya no le da tanta risa.
Somos burros, somos cómodos, somos unos acojonados y nos creemos más importantes que nadie, es decir, nos estamos esclavizando y arrugando nosotros mismos, que es lo que les viene bien a los Sultanes poderosos esclavistas y a sus amigos ministros españoles, cínicos y bien pagados.
Cuando los monolingües se inclinan ante Obama, por ejemplo, como símbolo del poder imperial, se olvidan de que hay muchas otras Obamas Haidar sobre las que, en lugar de tratar con educación, descargan sus verdaderas mezquindades de chupatintas mentales. En realidad, no tendrían que hacer nada extraordinario, sólo aplicar la Justicia y la Honestidad. Lo mismo, ahora que caigo, es que no las tienen.
Te deseo Suerte, Aminetu, al tiempo que te pido disculpas en nombre de un representante al que, como ciudadana, pago y me avergüenza, pago y me defrauda, pago y me traiciona. Que los dioses te concedan mucha Buena Suerte, Aminetu, porque con algunos seres de por medio me temo que es lo único que se puede desear.
Ana Roncero.

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